Las cosas ocurrieron así:
Llego de correr: completamente extenuado, sudado, resollando, coloradito por la actividad física y el clima. Ha hecho un frío considerable estos días y, además, el viento ha soplado sin misericordia. Sin embargo, ni aun así desistí de salir a correr...
Pues, bien, después de beber agua y de los ejercicios post running, me ducho y realizó con sumo cuidado (con tantas cicatrices, algo he aprendido) el ritual de afeitarme.
Entonces, a colmar el apetito se ha dicho... Con las mil y una ganas de cenar huevo con papas, me dirijo a la cocina y dispongo todo. Corto la papa, saco el aceite de oliva, bato los dos huevos (sin yemas, claro). Enciendo el televisor, mientras tarareo la canción de Nueces que tanto me gusta. Sartén lista y ¡aquí vamos! ¡Qué salga rico, qué salga rico! (¡¡¡Qué salga Pipo, qué salga Pipo para que todos empecemos a reír...!!!)
[10 minutos después]
Pongo la mesa y a comer se ha dicho. Salivo, lo confieso (¡Ay, Pablov que razón tenías!). Mordida. Degustación. Expulsión automática del bocado. ¡Joder, los pedacitos de papa quedaron crudos! Arrojo todo a la sartén de nuevo y suena el teléfono (¡¡¡otra vez!!!). Asunto importante. Bueno, sí, yo te llamo mañana y vemos lo de la presentación...Sí...sí...está bien....yo también...bye....
Vuelvo a la cocina y está todo hecho un cuadro vanguardista. Humo por todos lados y del huevo ya ni rastros. A abrir ventanas para desalojar la humareda. Se va volando por ellas el ambiente acogedor de mi cena....
Me asomo al refrigerador y ya no hay más huevos... Ni hablar, a posponer el antojo...
¡Vaya aventurita con final triste!
Bueno -me consuelo- mañana paso corriendo por la cafetería y me compro mi Egg, Potato and Cheese Burrito a sólo $2.19 plus tax.
Qué nostalgia desayunar comida de mi casa, tomando Joya y viendo a Pipo...
quarta-feira, março 22, 2006
You've got the wrong number!
He estado esperando a que timbre el teléfono...
Obviamente sí ha timbrado muchas veces. Han llamado todas las personas que pudieron haber llamado en dos semanas: vendedores de seguros, encuestadores, promotores de telefonía de larga distancia, agentes de tarjetas de crédito, funcionarios de empresas inmobiliarias... todos, todos... tooodo el ejército pro consumista menos tú... y a todos hubo que contestarles con un impasible: No, thank you, I'm not interested...
No sé si sea hoy o mañana o pasado mañana o quizás después, pero me emociona pensar que, en cualquier momento, habrá de sonar mi teléfono y, entonces, todo comenzará de nuevo a desordenarse en mi cabeza...
Eres el único a quien no le diría en mi inglés-con-acento-griego (estilo My Big Fat Greek Wedding): You've got the wrong number!
Sigo esperando...
Obviamente sí ha timbrado muchas veces. Han llamado todas las personas que pudieron haber llamado en dos semanas: vendedores de seguros, encuestadores, promotores de telefonía de larga distancia, agentes de tarjetas de crédito, funcionarios de empresas inmobiliarias... todos, todos... tooodo el ejército pro consumista menos tú... y a todos hubo que contestarles con un impasible: No, thank you, I'm not interested...
No sé si sea hoy o mañana o pasado mañana o quizás después, pero me emociona pensar que, en cualquier momento, habrá de sonar mi teléfono y, entonces, todo comenzará de nuevo a desordenarse en mi cabeza...
Eres el único a quien no le diría en mi inglés-con-acento-griego (estilo My Big Fat Greek Wedding): You've got the wrong number!
Sigo esperando...
terça-feira, março 21, 2006
Las líneas paralelas
Empezó la primavera. Sí que se va el tiempo rápido. Ya va a hacer una semana que regresé de México. Me cuesta siempre volver de las vacaciones. Pierdo el ritmo de mi vida por acá y, me toma cierto tiempo regularizar mi organismo a la nueva comida, a la nueva disposición espacial, al silencio, al tiempo...
Además de los dulces, de las fotos y las cosas que mi mamá me obliga con cariño a traerme, también se vienen de México unas cuantas ideas que se vuelven mi compañía.
Ir a México implica siempre enfrentarme con las posibilidades de una temporalidad paralela que no es del todo excluyente con ésta en los EE.UU. He allí lo que me entristece: esa carrera de las líneas paralelas (México-EE.UU./mi familia-yo/mi circunstancias e identidad-mis sueños/el pasado-el futuro...) que no se intersectan jamás. Y yo estoy justo en medio, escindido, dividiéndome, partido en anhelos que crecen en ambos lados. No sé si un día podré reconciliarlos de algún modo...
Hace unos días, se me regaló, a través de un sueño, una realidad ya imposible para mí. Era la historia que no pude escribir cuando vivía en México. Fue muy lindo porque en el tiempo que duró el sueño pude sentir lo que pudo haber sido mi vida a su lado. No sucedía nada fantástico como volar o que yo bailara genial, pero fue muy bonito vivir algo ya inviable de ser verificable en la realidad ajena a ésa de los sueños...
Un día una de mis amigas se preguntaba en voz alta por qué nuestra vida no podía tener un soundtrack como sí lo tienen las películas... me pareció una observación lindísima y bastante tierna. Estoy de acuerdo con ella, ahora que lo pienso. Ignoro cuál sería la canción de la mía. Sin embargo, pienso que, además de un soundtrack, me encantaría guardar en fotografías los momentos más importantes de mi vida. Me encantan las fotos. Sobretodo, las espontáneas. Las no planeadas. Por más pocos muebles que tenga mi departamento, lo que sí abundan son las fotos. A donde vuelva la mirada las hay. Sólo basta pararse enfrente de ellas o mirarlas y concentrarse un poco y, al instante, me retrotraen hacia momentos muy especiales en mi vida. Es como si el cristal de cada portarretratos fuera una puerta hacia un tiempo que ya no podré alcanzar jamás, que me rebasó para siempre...
Sí, cuando me siento solo abro todas esas pequeñas puertas y deambulo por mi departamento siendo yo en muchos tiempos. Así se acaban el silencio y la descompañía. Quizá esa sea la forma de intersectar la multiplicidad de líneas paralelas que es mi vida...
Además de los dulces, de las fotos y las cosas que mi mamá me obliga con cariño a traerme, también se vienen de México unas cuantas ideas que se vuelven mi compañía.
Ir a México implica siempre enfrentarme con las posibilidades de una temporalidad paralela que no es del todo excluyente con ésta en los EE.UU. He allí lo que me entristece: esa carrera de las líneas paralelas (México-EE.UU./mi familia-yo/mi circunstancias e identidad-mis sueños/el pasado-el futuro...) que no se intersectan jamás. Y yo estoy justo en medio, escindido, dividiéndome, partido en anhelos que crecen en ambos lados. No sé si un día podré reconciliarlos de algún modo...
Hace unos días, se me regaló, a través de un sueño, una realidad ya imposible para mí. Era la historia que no pude escribir cuando vivía en México. Fue muy lindo porque en el tiempo que duró el sueño pude sentir lo que pudo haber sido mi vida a su lado. No sucedía nada fantástico como volar o que yo bailara genial, pero fue muy bonito vivir algo ya inviable de ser verificable en la realidad ajena a ésa de los sueños...
Un día una de mis amigas se preguntaba en voz alta por qué nuestra vida no podía tener un soundtrack como sí lo tienen las películas... me pareció una observación lindísima y bastante tierna. Estoy de acuerdo con ella, ahora que lo pienso. Ignoro cuál sería la canción de la mía. Sin embargo, pienso que, además de un soundtrack, me encantaría guardar en fotografías los momentos más importantes de mi vida. Me encantan las fotos. Sobretodo, las espontáneas. Las no planeadas. Por más pocos muebles que tenga mi departamento, lo que sí abundan son las fotos. A donde vuelva la mirada las hay. Sólo basta pararse enfrente de ellas o mirarlas y concentrarse un poco y, al instante, me retrotraen hacia momentos muy especiales en mi vida. Es como si el cristal de cada portarretratos fuera una puerta hacia un tiempo que ya no podré alcanzar jamás, que me rebasó para siempre...
Sí, cuando me siento solo abro todas esas pequeñas puertas y deambulo por mi departamento siendo yo en muchos tiempos. Así se acaban el silencio y la descompañía. Quizá esa sea la forma de intersectar la multiplicidad de líneas paralelas que es mi vida...
sexta-feira, março 17, 2006
Homenaje
Estando en la Central de Autobuses de Monterrey, esperando mi salida a Monclova, me topé en la Sala 1 con unas hojas abandonadas. Estaban en el asiento donde iba a sentarme. Las leí y aquí las reproduzco.
Sirva, pues, my blog para rendirle homenaje a este amor anónimo entre, al parecer, dos chavos. Mis notas aparecen entre corchetes [], pues es sumamente difícil determinar la legibilidad de algunas palabras.
"No se cuán común sea, pero tengo la impresión de que hay personas que llegan a destiempo a nuestra vida y, a la vez, nosotros llegamos demasiado pronto o muy tarde a la de ellas. No es una sensación agradable o fácilmente olvidable el concientizarse de ello. Produce dolor y mucha melancolía.
Hoy he confirmado mis sospechas; me pasa eso mismo con [caracteres ilegibles] Nos conocimos muy de repente cuando nuestras circunstancias de vida eran dolorosamente incompatibles: distinta ciudad, distinto país, distinta edad, distinta visión... Sin embargo había [quizá diga "hay". Es ambigua la caligrafía] de mi parte mucha atracción, en el sentido más profundo de la palabra. Su silencio envuelve cómodamente a la abundancia de mis palabras, su presencia tenue me hace sentir completo, me da felicidad saberlo sentado a mi lado, me produce ternura verlo jugar con las servilletas, los saleros, el popote... me toca el corazón observarlo elaborar obras de "arte efímero" con títulos poco pretensiosos. Él detesta tales títulos porque él es sencillo, porque él es como una tormenta que se anuncia sólo cuando su llegada es inminente sin fastos innecesarios, su sobriedad es seductora... Nunca supe lo que sería ser amado por él. Adivino la profundidad de dejarse llevar por su tormenta por las veces que lo he escuchado decirme cosas lindas y especiales. Habla poco, pero cuando lo hace sus palabras traspasan, llegan sin titubeos e iluminan todo vacío, se sienten hondo. Y las pronuncia bajito porque sabe bien cuán increíbles efectos desencadenan en mí. Quizá no lo sepa, sólo lo suponga...
El tiempo, no obstante, nos [quizá diga "me". Es difícil de dilucidarlo] obligó a renunciar al sueño de nosotros... Dolió muchísimo...[siguen seis renglones ilegibles]
Ahora sólo somos amigos, pero siento que traiciono su amistad cuando -estando a su lado- me vuelvo a dar cuenta que me gusta su olor; cuando recuerdo con dolor que acariciarlo es hoy un acto suicida. Me invade la nostalgia cuando estoy a su lado y recuerdo lo maravilloso que era tomarlo de la mano... Abrazarlo es todo un desafío: es rozar su mejilla contra la mía y acordarme del sendero de besos que trazaba antes de llegar a su boca, comunión ya por siempre vedada para mí. Y, ahora mismo, que no esta a mi lado, el escuchar estas canciones, pegado al discman, revive los sueños muertos de hacerle el amor protegidos los dos por esas letras y esos acordes que hoy ya no son mas que tonos que convocan tristeza e imposibilidad...
No. Después de todo, confieso que no es fácil estar a su lado. Me sigue poniendo nervioso su mirada, pero sé que todo esto puedo encauzarlo hacia un cariño grande en la frecuencia de sólo ser su amigo. Y no es que lo siga queriendo en secreto, es que me he dado cuenta que nuestras vidas se cruzaron a destiempo, que desgraciadamente ya no hay otra oportunidad para pensar en él como mi amor. Renuncié a [de nuevo, ilegible] como novio y lo he ganado como amigo, así lo tendré siempre a mi lado. Nuestra historia por lo menos, desde mi perspectiva, es como la de Casablanca: "We will always have Paris", pero nosotros no tendremos ningún París (bueno quizá la imagen del Palacio de Gobierno del Estado de Nuevo León iluminado por la noche, con fondo de Bach) , sino las memorias de aquel tiempo en que durante un diciembre frío, en un hostal modesto, me soñé con la posibilidad de la felicidad a su lado porque era yo, entonces, el hombre más afortunado por tenerlo... Aún lo tengo conmigo. Ahora soy su amigo..."
Sirva, pues, my blog para rendirle homenaje a este amor anónimo entre, al parecer, dos chavos. Mis notas aparecen entre corchetes [], pues es sumamente difícil determinar la legibilidad de algunas palabras.
"No se cuán común sea, pero tengo la impresión de que hay personas que llegan a destiempo a nuestra vida y, a la vez, nosotros llegamos demasiado pronto o muy tarde a la de ellas. No es una sensación agradable o fácilmente olvidable el concientizarse de ello. Produce dolor y mucha melancolía.
Hoy he confirmado mis sospechas; me pasa eso mismo con [caracteres ilegibles] Nos conocimos muy de repente cuando nuestras circunstancias de vida eran dolorosamente incompatibles: distinta ciudad, distinto país, distinta edad, distinta visión... Sin embargo había [quizá diga "hay". Es ambigua la caligrafía] de mi parte mucha atracción, en el sentido más profundo de la palabra. Su silencio envuelve cómodamente a la abundancia de mis palabras, su presencia tenue me hace sentir completo, me da felicidad saberlo sentado a mi lado, me produce ternura verlo jugar con las servilletas, los saleros, el popote... me toca el corazón observarlo elaborar obras de "arte efímero" con títulos poco pretensiosos. Él detesta tales títulos porque él es sencillo, porque él es como una tormenta que se anuncia sólo cuando su llegada es inminente sin fastos innecesarios, su sobriedad es seductora... Nunca supe lo que sería ser amado por él. Adivino la profundidad de dejarse llevar por su tormenta por las veces que lo he escuchado decirme cosas lindas y especiales. Habla poco, pero cuando lo hace sus palabras traspasan, llegan sin titubeos e iluminan todo vacío, se sienten hondo. Y las pronuncia bajito porque sabe bien cuán increíbles efectos desencadenan en mí. Quizá no lo sepa, sólo lo suponga...
El tiempo, no obstante, nos [quizá diga "me". Es difícil de dilucidarlo] obligó a renunciar al sueño de nosotros... Dolió muchísimo...[siguen seis renglones ilegibles]
Ahora sólo somos amigos, pero siento que traiciono su amistad cuando -estando a su lado- me vuelvo a dar cuenta que me gusta su olor; cuando recuerdo con dolor que acariciarlo es hoy un acto suicida. Me invade la nostalgia cuando estoy a su lado y recuerdo lo maravilloso que era tomarlo de la mano... Abrazarlo es todo un desafío: es rozar su mejilla contra la mía y acordarme del sendero de besos que trazaba antes de llegar a su boca, comunión ya por siempre vedada para mí. Y, ahora mismo, que no esta a mi lado, el escuchar estas canciones, pegado al discman, revive los sueños muertos de hacerle el amor protegidos los dos por esas letras y esos acordes que hoy ya no son mas que tonos que convocan tristeza e imposibilidad...
No. Después de todo, confieso que no es fácil estar a su lado. Me sigue poniendo nervioso su mirada, pero sé que todo esto puedo encauzarlo hacia un cariño grande en la frecuencia de sólo ser su amigo. Y no es que lo siga queriendo en secreto, es que me he dado cuenta que nuestras vidas se cruzaron a destiempo, que desgraciadamente ya no hay otra oportunidad para pensar en él como mi amor. Renuncié a [de nuevo, ilegible] como novio y lo he ganado como amigo, así lo tendré siempre a mi lado. Nuestra historia por lo menos, desde mi perspectiva, es como la de Casablanca: "We will always have Paris", pero nosotros no tendremos ningún París (bueno quizá la imagen del Palacio de Gobierno del Estado de Nuevo León iluminado por la noche, con fondo de Bach) , sino las memorias de aquel tiempo en que durante un diciembre frío, en un hostal modesto, me soñé con la posibilidad de la felicidad a su lado porque era yo, entonces, el hombre más afortunado por tenerlo... Aún lo tengo conmigo. Ahora soy su amigo..."
domingo, março 12, 2006
El sol
Nunca había caminado por un sendero que no amenazase ya desde el principio con estrecharse, dejarme solo y, al final, conducirme a un abismo inevitable. Sin embargo, no era ése el final porque el abismo -descubriría, yo, entonces- era un túnel que habría de colocarme en otra encrucijada donde, optase por la senda que optase, me estaría negado conocer el horizonte y con ello un ocaso y, por eso, la esperanza de seguir caminando y toparme con el sol.
No, nunca conocí las mañanas. Todo era una sucesión in crescendo de la obscuridad de una noche que -me autoconsolaba- era infinita. Llegaría la consumación del desahucio y se suspendería mi jornada que era una huida de sí misma en sí misma...
Y entonces me percaté que era fuerte, que los terrenos agrestes, las caídas, los largos caminares -guardianes del gran espíritu kickapu- habían devuelto a mis piernas la templanza de mis ancestros los errantes. Ahora que la luna me mostraba que había otros caminos allá arriba estaba listo para remontarlos. La fuerza de los errantes estaba conmigo y también la herencia de mis abuelos venidos del mundo que envejecía era, por mí, notada con estupor: las alpargatas aladas y el insigne caduceo habían estado allí conmigo, durmiendo, polvorientos, desde siempre.
Estaba listo para alcanzar los caminos celestes que la luna me prometía. Se habían acabado las jornadas nocturnas sin horizontes luminosos...
Ya avizoro el sol. No hay alas de cera que se intimiden ante él. Estoy yo, feliz, desde las cumbres de las montañas nevadas encarándolo. Soy yo. He renacido. He nacido Hermes-Kickapu.
No, nunca conocí las mañanas. Todo era una sucesión in crescendo de la obscuridad de una noche que -me autoconsolaba- era infinita. Llegaría la consumación del desahucio y se suspendería mi jornada que era una huida de sí misma en sí misma...
Y entonces me percaté que era fuerte, que los terrenos agrestes, las caídas, los largos caminares -guardianes del gran espíritu kickapu- habían devuelto a mis piernas la templanza de mis ancestros los errantes. Ahora que la luna me mostraba que había otros caminos allá arriba estaba listo para remontarlos. La fuerza de los errantes estaba conmigo y también la herencia de mis abuelos venidos del mundo que envejecía era, por mí, notada con estupor: las alpargatas aladas y el insigne caduceo habían estado allí conmigo, durmiendo, polvorientos, desde siempre.
Estaba listo para alcanzar los caminos celestes que la luna me prometía. Se habían acabado las jornadas nocturnas sin horizontes luminosos...
Ya avizoro el sol. No hay alas de cera que se intimiden ante él. Estoy yo, feliz, desde las cumbres de las montañas nevadas encarándolo. Soy yo. He renacido. He nacido Hermes-Kickapu.
terça-feira, fevereiro 07, 2006
Las galletas de trigo o marcador 15-0
Ocho galletas de trigo y todavía no puedo detenerme...
Hoy es uno de esos días en que vuelvo a reflexionar sobre la condición de la pérdida.
¿Qué puedo sentir, ahora, nuevamente, después de que pierdo, otra vez?
No sé... siempre he perdido a causa de esos accidentes físicos que en mí no son ni exóticos ni impresionantes. La doctrina, la sabiduría popular, los consejos... todo en la vida se inclina por la valoracion de los sentimientos frente a la apostura y esas contingencias. Sin embargo, no dejan de ser mas que discursos de oquedad.
En el momento decisivo, un par de ojos de color, un cuerpo medianamente marcado, una silueta delgada o una melena anti gravedad terminan por oponerse al más tenaz de los intelectos, a la voz mas melodiosa, a los detalles mas especiales, en fin... al amor mas sincero.
Pasa lo que pasaba cuando era niño y jugábamos fútbol en la escuela secundaria. Aunque estaba en el equipo que ganaba, por lo general, yo siempre sentía que perdía. Al final del partido, mis compañeros se llevaban en hombros a Sergio, el que anotaba todos los goles. Como era pequeño y débil, yo no podía unírmeles en la cargada. Sin embargo, soñaba con ser yo el único que cargara a Sergio en ese entallado uniforme blanco que se enfrentaba, sin temor, al crecimiento desmesurado de su anatomía, a la cual delataba el sudor y los caminos que dibujaban los rastros de los descuidados tragos al bote de agua en aquel calorón de casi 45 grados.
Sergio era rubio, atlético y varonil. Nunca conseguí cargarlo... en ese sentido (y en todos) con el perdí siempre.
Y, ahora, hablando de meter goles, creo que ya voy por la quinceava galleta anotada al mero centro de mi estómago. Si sigo comiendo asi, seguiré perdiendo...
Hoy es uno de esos días en que vuelvo a reflexionar sobre la condición de la pérdida.
¿Qué puedo sentir, ahora, nuevamente, después de que pierdo, otra vez?
No sé... siempre he perdido a causa de esos accidentes físicos que en mí no son ni exóticos ni impresionantes. La doctrina, la sabiduría popular, los consejos... todo en la vida se inclina por la valoracion de los sentimientos frente a la apostura y esas contingencias. Sin embargo, no dejan de ser mas que discursos de oquedad.
En el momento decisivo, un par de ojos de color, un cuerpo medianamente marcado, una silueta delgada o una melena anti gravedad terminan por oponerse al más tenaz de los intelectos, a la voz mas melodiosa, a los detalles mas especiales, en fin... al amor mas sincero.
Pasa lo que pasaba cuando era niño y jugábamos fútbol en la escuela secundaria. Aunque estaba en el equipo que ganaba, por lo general, yo siempre sentía que perdía. Al final del partido, mis compañeros se llevaban en hombros a Sergio, el que anotaba todos los goles. Como era pequeño y débil, yo no podía unírmeles en la cargada. Sin embargo, soñaba con ser yo el único que cargara a Sergio en ese entallado uniforme blanco que se enfrentaba, sin temor, al crecimiento desmesurado de su anatomía, a la cual delataba el sudor y los caminos que dibujaban los rastros de los descuidados tragos al bote de agua en aquel calorón de casi 45 grados.
Sergio era rubio, atlético y varonil. Nunca conseguí cargarlo... en ese sentido (y en todos) con el perdí siempre.
Y, ahora, hablando de meter goles, creo que ya voy por la quinceava galleta anotada al mero centro de mi estómago. Si sigo comiendo asi, seguiré perdiendo...
sexta-feira, fevereiro 03, 2006
La disco
Día de disco gay. Luces, música en alto, tragos "fancy", despliegue de anatomías perfectas, coqueteándole a la vigorexia y desafiando a los desórdenes alimenticios... pero, sobretodo, obsesión por la juventud.
Todo estalla en alegría, en desinhibición, todo urge a que se lea como la conquista ulterior, el estado de "libertad absoluta". Sin embargo, puedo verlo, incluso lo huelo. Ese hálito triste del espejismo. Por más que se proclame la derogación de toda atadura, de toda sujeción; existe; allí, rondando, acechando, la conciencia de los umbrales... Al dejar el lugar, la dicha voraz, los optimismos... se extinguen al atravesar la puerta y oír, mientras caminas por la calle, que el ritmo que escuchabas por adentro no es más que un sonido solitario, lejano, descompasado que parece morir jadeando.
Nunca he sido de los que bailan, no puedo hacerlo. Ebrio o lleno de sobriedad, el don de la videncia no me abandona nunca. Se rían, se estremezcan, griten o se fajen, leo en sus rostros siempre el pavor de una soledad terrible que ni tragos ni bailes logran apartar.
No es que sea gordo, mucho menos feo... simplemente veo más que los demás...
Sé que no te encontraré en uno de estos tristes lugares, donde se viene a sepultar los cadáveres de descompañía y represión que se mueren cada semana...
Sigo esperándote...
Todo estalla en alegría, en desinhibición, todo urge a que se lea como la conquista ulterior, el estado de "libertad absoluta". Sin embargo, puedo verlo, incluso lo huelo. Ese hálito triste del espejismo. Por más que se proclame la derogación de toda atadura, de toda sujeción; existe; allí, rondando, acechando, la conciencia de los umbrales... Al dejar el lugar, la dicha voraz, los optimismos... se extinguen al atravesar la puerta y oír, mientras caminas por la calle, que el ritmo que escuchabas por adentro no es más que un sonido solitario, lejano, descompasado que parece morir jadeando.
Nunca he sido de los que bailan, no puedo hacerlo. Ebrio o lleno de sobriedad, el don de la videncia no me abandona nunca. Se rían, se estremezcan, griten o se fajen, leo en sus rostros siempre el pavor de una soledad terrible que ni tragos ni bailes logran apartar.
No es que sea gordo, mucho menos feo... simplemente veo más que los demás...
Sé que no te encontraré en uno de estos tristes lugares, donde se viene a sepultar los cadáveres de descompañía y represión que se mueren cada semana...
Sigo esperándote...
terça-feira, janeiro 10, 2006
El gran paréntesis
Pasaron los meses, se acabo el año y muchas cosas cambiaron. Descubrí la raíz de un dolor grande que tenía suspendido en la incertidumbre al apego más profundo que he sentido por alguien. A manera de gotero se han ido esclareciendo las cosas, no sin mucho dolor y tristeza. Comienzo a entender y a aceptar un luto que llevaba tiempo remedando, a ratos escondiendo, muchas veces negando. La pérdida no se completa hasta que se la comprende del todo. Y no sólo comprenderla a ella en sí misma, sino el proceso que desembocó en la obsolensencia de este afecto. El amor nace, tal vez siempre, compartiendo la visión de un espejismo. En mí, esa imagen reverberó y comenzó a tener peso y cuerpo hasta convertirse en un Bagdad que olía y se escuchaba y existía para nosotros. En cambio, ese espejismo en ti, jamás dejó de ser -quizá- una alucinación placentera en una de tus primeras incursiones al desierto del amor y sus ilusiones. O tal vez cuando avizoraste a Bagdad majestuosa, te llenaste de miedo, de sobrecogimiento, te asustaste... y, como eres tan joven, decidiste aferrarte a tu alfombra voladora y remontar el vuelo hacia un mundo que prometía aventuras que -pensaste- te serían inalcanzables en nuestra Bagdad.
La ciudad, Bagdad, se ha desvanecido. Con dolor profundo he presenciado el colapso de sus espacios, de los jardines que construí pensando en tu risa, en el futuro... En fin se acabó el año y ahora hay que levantarse, cerrar este largo paréntesis y aceptar que aún huele a nostalgia por todos lados, pero saber que la añoranza que se siente por geografías irreversiblemente idas, por atlántidas sumergidas terminará por convertirse en una sala que la memoria instalará en un museo que existe en la parte del corazón que es indestructible.
La ciudad, Bagdad, se ha desvanecido. Con dolor profundo he presenciado el colapso de sus espacios, de los jardines que construí pensando en tu risa, en el futuro... En fin se acabó el año y ahora hay que levantarse, cerrar este largo paréntesis y aceptar que aún huele a nostalgia por todos lados, pero saber que la añoranza que se siente por geografías irreversiblemente idas, por atlántidas sumergidas terminará por convertirse en una sala que la memoria instalará en un museo que existe en la parte del corazón que es indestructible.
domingo, outubro 23, 2005
La lección de Idaho
Han pasado los días. Cumplí años y todo lo que eso implicó... Los 25 sí que son un acontecimiento. No sé. Han sido especialmente difíciles y no porque hubiera habido traumas con asumir la edad por lo del "cuarto de siglo". Eso al final, es interesante, pero no deja de ser accesorio. A lo que me refería era que es bastante intenso lo de estar solo y en proceso de adaptación: nueva ciudad, nueva escuela, nuevo programa, nuevas personas, nueva casa... No lo voy a negar: hay muchos ratos de desánimo, de desconsuelo, de tristeza, de saudades, pero tengo fe en que todo habrá de ser superado. He conocido excelentes personas por acá (en especial, Ingrid) y he tenido experiencias inolvidables. Al final, es ése el único balance que tengo: el de las buenas cosas que me han regalado estos nuevos lugares. En fin, que estoy contento. No puedo contar más con el pasado. Pero estoy feliz con este nuevo presente. Ahora lo entiendo todo: ¡Gracias a la vida por traerme a Austin...!
sábado, outubro 15, 2005
Del viernes en sábado
Los viernes, desde que estoy en Austin, me sorprenden con algo emocionante.
Hace 2 semanas la peda increíble que me puse con la Ingrid y el Brandon que, entre otras cosas:
1) me hizo descubrir un nuevo lugar en la universidad (¡no lo creerían!)
2) me reconcilió con el placer de beber chelas y me introdujo en el mundo de las cervezas belgas...¡una verdadera delicia!
3) me hizo replantearme cosas que jamás pensé podrían inquietarme.
Después, hace una semana, el encuentro con un brasileño (Gosh!) en el café de la biblioteca que terminó por invitarme a una conferencia súper chingona de una vieja toda brillante que era discípula de Derridá que, a su vez, me hizo releer a Kafka en su "Carta al padre".
Sin embargo, puff!, este viernes no pasó nada exciting. Fue un viernes sin sorpresas. Bueno, tal vez sean los dos volcanes que traigo en la cara lo que estén causando interferencia. ¡Ni modo! A ver si para el otro viernes. Estaré en Idaho, eso sí. No sé, quien quite y me sale al encuentro una papa transgénica carnívora...
Y ahora, de regreso a "La Araucana" y "Os Lusiadas"....
Hace 2 semanas la peda increíble que me puse con la Ingrid y el Brandon que, entre otras cosas:
1) me hizo descubrir un nuevo lugar en la universidad (¡no lo creerían!)
2) me reconcilió con el placer de beber chelas y me introdujo en el mundo de las cervezas belgas...¡una verdadera delicia!
3) me hizo replantearme cosas que jamás pensé podrían inquietarme.
Después, hace una semana, el encuentro con un brasileño (Gosh!) en el café de la biblioteca que terminó por invitarme a una conferencia súper chingona de una vieja toda brillante que era discípula de Derridá que, a su vez, me hizo releer a Kafka en su "Carta al padre".
Sin embargo, puff!, este viernes no pasó nada exciting. Fue un viernes sin sorpresas. Bueno, tal vez sean los dos volcanes que traigo en la cara lo que estén causando interferencia. ¡Ni modo! A ver si para el otro viernes. Estaré en Idaho, eso sí. No sé, quien quite y me sale al encuentro una papa transgénica carnívora...
Y ahora, de regreso a "La Araucana" y "Os Lusiadas"....
quinta-feira, outubro 13, 2005
El origen
No. No podré hacerlo desde Wisconsin. Por lo menos, no ahora. No obstante, declaro que éste es el comienzo de la nueva errancia. La errancia no de los senderos físicos ni de los paisajes temporales, sino la del largo camino hacia un lugar que sólo la escritura misma conoce. Se aventura, pues, este descendiente de kickapúes en la senda incierta de las palabras, en el abismo de la creación. Se divisa un nuevo Nacimiento.
¡Jao!
¡Qué así sea!
¡Jao!
¡Qué así sea!
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